Hasta que la duda los separe (Miguel Guilarte Blanco)

Allí parado, los nervios le provocaban un temblor estomacal cercano a la tortura. La ocasión lo valía, por fin había llegado el día. Todo estaba preparado. Él sabía muy bien lo que tenía que hacer. Ya estaba todo hablado. Su parte, sin duda, era la más fácil. Solo tenía que esperar y después repetir como un loro.

El templo estaba lleno, no cabía un alma, todos callados. Nadie le miraba directamente pero se sentía observado. Y en el momento en el que la espera estaba dejando de ser tensa para ser tediosa, apareció.  A lo lejos, una figura blanca se acercaba a paso lento. Avanzaba a ritmo procesionario, oscilando de arriba abajo y de abajo arriba. Le pareció escuchar tambores. Tan! tan! tan! tan ta tan!

La figura blanca venía hacia él, y así debía ser. Tragó saliva. Escuchó lo que tenía que escuchar y dijo lo que tenía que decir, preparándose ya para las últimas palabras. Las más importantes de su vida. En su cabeza articuló un ‘SI, QUIERO’ esculpido en piedra que resonaba desde lo más hondo de su cavidad torácica. Entonces abrió un poco la boca y de un hilo de voz fino como la seda apareció un minúsculo ‘¿siii…?’.

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