La escultura (Carmen Parra)

Ya no sé lo que busco. Siempre anduve perdida, dispersa. Nunca seguí una meta clara porque de forma clara nunca tuve nada claro. Ahora ya no sé si tengo lo que merezco, lo que he sembrado o lo que el destino ha querido para mí. El caso es que sigo esculpiendo, a veces me dejo esculpir mi propia figura, tal vez no sepa dónde está ubicado el desperfecto.
Soy vieja para muchos trabajos y novel para otros. No puedo hacer lo que me gusta ni dejar de hacer lo que me disgusta. Entre tanta algarabía he decidido esperar lo que mi profesión exige. Constancia para construir algo que aún no tiene forma.
Sola es difícil, aunque es solo cosa mía. Quizá una mano que despeje el polvo que desprende mi cuerpo cuando todos miran hacia otro lado. Esto soy yo. Un monstruo esculpido aun sin finalizar. Un cuerpo mutilado de forma casi voluntaria. Un árbol que se deja hacer por las inclemencias del cielo y de la lluvia. Del sol y del viento.
Mi arbusto se ha secado, las ramas ahora son amarillas, apenas sin posibilidad de vida. Yo misma lo extraje de la tierra con sumo cuidado, aunque no fue difícil pues estaba inerte. Limpié sus raíces algo húmedas y cubiertas de tierra. Corté sus ramas

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