La extraña (Luces y Sombras)

La habitación del hotel.
La taza de café y un cigarro. Una silueta de mujer que miraba embobado.
Su perfecta silueta semidesnuda, ese cuerpo extraño, tumbada sobre las sábanas arrugadas de mi cama, arrugadas por una noche pasión desmedida, de sexo y alcohol, de lujuria y pasión.
No recordaba cómo habíamos acabado en aquella habitación, y la verdad, tampoco me importaba. Solo recordaba, vagamente, el movimiento frenético de nuestros cuerpos con cada embestida. Pasajes de la noche anterior, diluidos por la coca y el alcohol.
Me disponía a dejar la taza de café y apagar el cigarro, cuando ladeó la cabeza, y nuestras miradas se cruzaron. Todavía resacoso, me quedé petrificado. No sabía …
Se giró ciento ochenta grados sobre su cuerpo desnudo, me miró de nuevo a los ojos, y sonriéndome me pidió un café y un cigarro.
Sin darme tiempo a reaccionar me dijo:
-Buenos días cariño. Despierta a los niños, que ya es hora de levantarlos. Hay que dejar la habitación del hotel y volver a casa.
Y entonces recordé.
La boda de su primo, la ceremonia, el banquete, la barra libre, la habitación del hotel…
Mi mujer y mis hijos…
Demasiadas copas, y demasiado mayor para seguir soñando siempre lo mismo.

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