La hormiga que duda, muere (Emilia Lanzas Cobacho)

La hormiga sigue con precisión milimétrica la línea lateral derecha de la baldosa. Cuando llega a la mitad, se queda unas milésimas de segundo parada, gira cuatro veces sobre sí misma y comienza a recorrer los treinta y tres por sesenta centímetros que comprende todo su mundo. Su frenetismo  tiene algo de desesperado; conmueve. La hormiga se vuelve a parar y toma la dirección opuesta. Titubea varias veces, cabecea a derecha y a izquierda, gira sobre sí misma.
Alguien que la está observando no soporta tanta indecisión. Y coloca sobre ella su enorme bota.

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