Ni la madera del banco es tan fría ni la lluvia me cala (Leandro Sánchez de Medina)

Me gusta el banco que elegí porque es de madera y no de plástico, lo que le confiere una temperatura más agradable cuando arrecia el frío y templada en épocas sofocantes. Me gusta mi abrigo con capucha, porque al llover evita que las gélidas gotas de agua se filtren hacia la piel.Mi abrigo es mi cápsula de refugio contra la estepa que distancia a los viandantes de la estatua anónima que represento para ellos. El banco, el trono desde el que estudio el sonido de los tacones al golpear el suelo; los lúgubres rostros que el lunes extravían su mirada en una oscuridad íntima e, iluminados, el viernes, celebran el fin de semana; los centímetros que la inquieta Joanne le gana al espacio vertical y cede ante el tiempo.Recuerdo hace 4 meses, aún en botas de lluvia de tonos rosas, cómo se paró ante mí y realizó un aspaviento delicado y directo: -“¡Hola, señor, tu sonrisa es superblanca!”. Hoy, enfundada en una camiseta que reza “Led Zeppelin” y en sus botines negros, su paso retumba vital, otra vida que al pasar por la acera donde resido se vigoriza.Sigo sonriendo,suscitando micro-episodios de protagonismo que terminan apagándose. Pero ni la madera del banco es tan fría ni la lluvia me cala.

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