La madre moribunda (Carmen Aznar Sanabria)

Aquí estás, en la efímera costumbre de olvidarnos y recordarnos. Retenida en la cama, absorta e impávida, como pieza de arte desnutrida de ojos placenteros. Pensamos en tu introspección y tus habladurías con la almohada y vemos tus manos entrecruzadas practicando la mortandad.
Retenida en una niñez llena de familiares de dudosa reputación contractual. Con la mirada al techo buscando espectros que te den un atisbo de quien eres, y los labios entreabiertos  para dejar escapar el alma.
La tez curtida de sol y arrugas con la prominencia de una barbilla desdentada e hidalga. Los cachetes desinflados de orgullo, pincelados con el magro colorido de las penumbras. Tu pelo, petróleo y plata, orillan las orejas de lóbulos lasos cansados de las perlas de la juventud.
Lo vivido ahora es nada. Tu día se esfuma en el olvido, ya no hay cuentos que contar. Tu enseñanza ha cedido a la ignominia de la vida llevándote hacia la muerte, y nos deja la penitencia de la orfandad.
Aquí estamos, desgajando la fruta antes de que se pudra en la tierra y descubriendo que se nos va quien más nos amó. Nos preparamos para imitarte, vistiéndonos toscamente de tu temple.

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