La mano de Casandra (Víctor Hidalgo)

Una tarde me adentré en una callejuela del centro. Entré  en una pequeña tienda de antigüedades. La dueña era una anciana ciega llamada Casandra. Me contó que tenía un don especial: “A veces entro en un estado de trance y mi mano guiada por una fuerza desconocida escribe un nombre, una fecha y una hora. Es la próxima mujer víctima de la violencia de género. Llevo desde pequeña anticipando sus muertes en un diario. Al principio, pensé que mi don ayudaría a acabar con la violencia de género. Durante muchos años mi marido intentó localizar a las futuras víctimas, pero cuando lo hacía ya era demasiado tarde. El destino está escrito y no puede ser cambiado”.

Casandra me mostró su diario especial. Descubrí horrorizado que la última mujer anotada era mi mujer. Moriría esa madrugada a las cuatro de la mañana. A pesar de no creer en el destino, salí confundido de la tienda y decidí pasar toda la noche en un bar para evitar su muerte. Me encontré dentro con un antiguo compañero del instituto y bebimos por los viejos tiempos. No recuerdo nada más de aquella fatídica noche. Desperté con las manos llenas de sangre. Mi mujer estaba muerta en el suelo del dormitorio. No pude vencer al destino.

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