La memoria cautiva (Luis Alfonso Iglesias Huelga)

“Ya voy”, dijo mientras echaba un último vistazo. El olor del café, aún en el ambiente, daba cierto romanticismo a la escena: el libro entreabierto sobre la mesilla de noche, la lluvia matinal  que impactaba contra los cristales, los números gigantes del despertador que se mostraban cada minuto a ese ritmo insoportable y sincopado. Volvieron a insistir, pero esta vez no respondió. Se levantó y se dirigió hacia la puerta. Se preguntaba por qué hacía tanto calor y por qué tenía un encendedor en la mano si nunca había fumado.

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