La milésima (Florentina González Martín)

Como todos los días acudía al especialista y escudriñaba en su interior. No porque aquella rutina le fuera válida. No porque con ello se olvidase de ella ni una milésima. Simplemente obedecía.
Sólo los sábados le daban un respiro. Aunque tampoco esto  le importara ya demasiado. Ya nada importaba.Cogía el coche y enfilaba de vuelta a la aldea sin más. Como un zombie.
Era allí donde subía cuestas sin mirar, gateando escalones donde los hubiera. Y fijaba en ti esa mirada eterna con esa sonrisa robada a los mismísimos ángeles. Típica de los seres sin doblez. De corta edad. Enmarcada por dos trenzas rubias perfectísimas. Simétricas.
Subía ella ahora aquella cuesta de hace justo tres años atrás.
Su sonrisa rota,helada para siempre.
C-R-A-S-H y el cordón umbilical se corta de nuevo.
En su cabeza.
C-R-A-S-H en el corazón. Fijo.En ella. Antes de caer bajo las ruedas.
Hay milésimas de segundo en que una madre desea haber sido estéril. Milésimas que marcan nuestro tiempo ilimitadamente.

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