La muralla (Alexander Anchia)

Había una horrible muralla, nací con ella. Mientras crecía no aumentaba ni disminuía su agresividad, pensé que al ser hombre tendría suficiente tamaño y coraje para subirla, pero mi madre aún a mis treinta años me la señalaba. Salirme de ella y del mundo religioso se convirtió en mi obsesión. Días después de morir mi madre no pude más, me presenté a media noche a cruzarla y con sólo rozarla se cayó, estaba hecha de estereofón. La vista resultó ser inigualable, un puerto, gente alegre, baile, romance y todo lo que no había conocido.

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