La noche es una bala en la cabeza (Geovani de la Rosa Peña)

El asunto es así. La noche es atravesada por ambulancias salvajes y hojitas de lluvia. Mierda. La noche es un abismo para partirse la jeta. Intento recordar. Su olor a lluvia inundando de tristeza a mis pulmones, su olor a canción en una rockola fuera de mercado. Mierda. La lluvia. Su olor. El olor a pólvora que me acorrala cada que cumplo con el encargo. Es el olor a hospital lo que no me deja aclarar cómo arruiné la bala si nunca he fallado un tiro de gracia. Y este olor a ella, a gato triste, a perro surfeando olas peligrosas. Mierda. Estoy perdido en Bahía Spy y mis pasos no suenan en la acera. Mierda. Ese hijodeputa fue más certero que yo. Ya no puedo volver a la guarida y decirle al jefe que erré el tiro y ya no traía más balas. Llegar y decir: mr. Chaparro, fíjese que por el olor de una mujer por primera vez en mi vida profesional no cumplí con el encargo; le ruego que esparza mis cenizas allá por Alone Palm y si su corazoncito da pa’ más entregue la liquidación a mi madre. Mierda, la noche es una pequeña isla donde beber cerveza bajo un almendro y oler el olor a tristeza que ella incrustó en mis dedos nerviosos a la hora de volarle los sesos a la competencia.

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