La Oruga (La Oruga)

Me besó: Una victoria desconocida. Y la besé, y la besé, y la besé. A pasos torpes nuestros cuerpos encontraron en la oscuridad el camino a su puerta, a su habitación, a su cama; deshecha y húmeda, como era ella, como era yo. Desnudé su cuerpo de ropas, y ya no pensé más .Ya no escuchaba a mi madre. Ya no veía los comentarios de los televisores, ni los curas, en mi cabeza. No me juzgaban las calles ni los colegios. No me miraban los hombres en bares de deseo y desidia. Abandonada al deseo no era una mujer normal; era la sucia realidad, era el sudor sin perfume cuyo gusto no sabéis oler, el calor que abrasa las censuras de la ordinaria rectitud de siempre. Y gritaba, sí, gritaba fuerte mientras los vecinos se alarmaban. Gritaba porque ahora era libre. Libre de mí misma, de mi cárcel construida para los demás. Ahora era yo, volando a arrítmicos gemidos, batiéndome en duelo con la vida ¡Era yo! La increíble mariposa que vuestra oruga no os deja ver. ¡Sí! Y volaba; volaba lejos de prejuicios y etiquetas, falsas promesas y pretensiones, lejos de vosotros, y lejos de ella. Lejos de mí. Volaba mariposa más lejos, volaba lejos, más lejos, ¡más!

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