A la pesca (Matilde Mulade)

Amo pescar en noches de luna llena, más en una de verano como la de hoy, serena, diáfana como cristal; el lago planchado y transparente hace añicos la luna, única reina de la noche. Cada tanto, truchas saltarinas quiebran la superficie plateada, olímpicas de trampolines desconocidos, me han embelesado desde niño. He venido por ellas y para olvidar a Ella, que dice ya no amarme y odia este placer mío de pescar.
Pasado un rato, mi caña doblada auguró una presa importante; desplegué mis mejores habilidades para retenerla en el forcejeo y cuando parecía que lo lograría, vi una gran cola iluminada zambullirse mientras se aflojaba el sedal. Se había escapado. Al recogerlo, un tirón me puso en guardia por segundos, entonces, un extraordinario golpe me derribó.
Desvanecido sin saber cuánto, mis piernas no respondían, aturdido, desolado, el miedo me cercó. Con temblores, logré pedir auxilio desde el móvil, solo deseé sentir la sirena que vendría a rescatarme.
Ahora, desde lo alto veo mi cuerpo tendido. La sirena de escamas relumbrantes me besa fogosamente insuflándome su aire de vida con sabor a pez. Es la nueva dueña de la noche.
Ten cuidado, suelen cumplirse.

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