La rapiña merodea aquel lugar (Eloy Enrique Valdés)

Fue un moderno, impregnado de ocultismo y vasos de agua para saber la fortuna. Acató con los ojos ardientes, se volvió obediente como un buey, enfiló su rebeldía contra el destino, al principio le costó identificarlo, pero después en una exposición fría de los hechos estaba claro, su destino era ser un loco atormentado para siempre, inocente y pueril, o peor un hipócrita degenerado. ¡Ah, eres tú! ¡Yo pensaba que era yo! Sintió la distensión de una resina, un sombrerón de resina que le apretaba el cráneo, el sombrerón se hizo viejo y cedió en un instante y voilà, ya no está. Se pasó la mano por la cabeza y no había nada, no había dilema, carezco de dilema, pensó, sólo he de concentrarme en esta circunstancia.

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