La velada (Nacho Frutos Cotado)

Cuando me di cuenta de que estaba sangrando también me percaté de que no paraba de reírme. En ese momento fui consciente de las dos cosas a la vez. Pero, ¿qué había ocurrido? No sabía la hora que era. Estaba sentada en el suelo de mi casa, en una postura incómoda, como solía sentarse mi marido. Tenía puesto el pijama que él me había regalado las últimas navidades. Había manchas dispersas de sangre en él y también en el suelo. Me palpé donde estaba la sangre pero no estaba herida. Tampoco notaba dolor. En ese momento quise levantarme pero no pude porque tenía las dos piernas dormidas. Me giré para intentar agarrarme a algo y fue cuando le vi. Yacía muerto en el suelo con un corte profundo en la garganta y varias puñaladas, claramente visibles porque llevaba la camiseta blanca que se ponía para dormir. Entre su cuerpo y el mío estaba mi cuchillo preferido, el que mejor cortaba. En ese preciso instante volví a reír a carcajadas.

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