Las cruces (Patricia Fernández)

Estar vivo o muerto es una cuestión de ejes, de líneas verticales u horizontales con respecto al suelo.Como en tierra nos convertimos,la disposición del cuerpo sin vida es la más similar a la superficie de la misma. Nos esparcimos poco a poco sobre lo que vivimos, desaparecemos sin que nadie se dé cuenta, disueltos entre otros que ya lo hicieron antes.

La muerte es el destino, la línea horizontal por antonomasia, la mayor que existe,esa que nunca alcanzamos a no ser que lo hagamos para siempre.
La que se funde con el agua de mar, entre la sal y el cielo (el agua salada es veneno si se bebe, pero cura las heridas), la que marca el fin del mundo. Las tablas que flotan después del naufragio.Se pudrirán por la salitre y el sol, a la deriva, una vez que no formen ya parte de nada, en un sitio donde todo el azul (el azul no existe dentro de un bosque lleno de árboles).
La supervivencia es verticalidad.
Una huella no es otra cosa que un hueco. Una porción de algo que se ha ido a otra parte, dejando una falta, un espacio vacío. No hay huellas verticales, aunque sí es cierto que la profundidad es la diferencia de altura entre dos planos paralelos.

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