Las espaldas de Borges (Juan Carlos Salazar Novoa)

Las espaldas de Borges empequeñecían al alejarse. Junto a él, María Kodama, su entrañable báculo. Yo los observaba desde la almena norte del castillo: la pradera era un océano verde pálido, pacífico y suficientemente denso para sostener los pasos del poeta y su amada. ¿A dónde iría Borges? ¿A morir de veras? ¿Era eso posible? ¿O solo caminaba? Sin pretensiones ni prisas ni rebuscamientos. Tal vez no le apetecía un sendero de palabras. Mejor la pradera hirsuta, la mezcla engañosa de trigo y cizaña, el lenguaje silvestre y enmarañado, tentador y misterioso, divino y fraudulento, torpe, nulo y eficaz. ¿Es la pradera el camino del escritor? ¿Su destino? ¿Su fin?

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