Porque las hormigas morirían ahogadas (Noelia Herrera)

Acuclillado, viendo a las hormigas trabajar, sentía la loza fría contra la planta de sus pies y el frío lo llevaba inevitablemente a ser consciente de su existencia. El frío además le hizo sentir ganas de orinar, y el chorro amarillento arrasó con las hormigas y las llevó hasta el desagüe, y estas cosas se mezclaban con las ganas de llorar. Por qué siento ganas de llorar se preguntó. Pero hacía años que no lloraba. Pasó media hora así, acuclillado, observando. De improvisto se irguió y abrió la llave de la ducha. Diez minutos después estaba sentado al frente de su auto listo para dirigirse hacia el trabajo.

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