Las líneas que faltan (Jimena Santángelo)

En medio del silencio despiadado del convento, mis ojos observan la mano trémula de Sor Cándida expresándole al alcalde, sobre un papel, sus condolencias. Yo, sin ninguna reserva, la contemplo vigilante. Me siento a la derecha, me paro a la izquierda, me coloco enfrente sentada de rodillas en el banco; nada obtengo, todo es en vano, nunca escribe las líneas que expresan que ha sido ella mi asesina.

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