Las noches de Bruselas (Adrián Romeo)

En las oscuras y frías noches de Febrero la lluvia acariciaba la ventana y la calle permanecía congelada a la espera del amanecer. Nuestros juegos obscenos rondaban mi mente una y otra vez y veía tu cuerpo desnudo estremecerse. La luz amarilla de la farola de la calle entraba por el balcón, dejando el salón iluminado sólo a medias, igual que la vida. Toda la tristeza, la insatisfacción y la frustración que este enorme mundo trae, todo este dolor, no se iría hasta que estuviese en tu cama y llevara a cabo todas las ideas perversas que estaban en mi cabeza y alcanzara ese momento de absoluta adrenalina y amor y odio y calor y comprensión y unión completa y fugaz de nuestras conciencias. Mientras le daba vueltas a todo esto oía cómo bajaban las persianas de otros trasnochadores y el sonido de algún coche aislado zumbaba desde la calle rompiendo el silencio en el que me hallaba. Te podía ver volviendo a casa en Barcelona mientras los hombres en la calle seguían tus piernas con la mirada mientras exhalaban el humo de sus cigarrillos. Comprendí que pronto mi suerte se acabaría y mientras yo fantaseaba contigo sería otro el que alcanzaría el éxtasis en ti.

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