Literalmente (Guillermo González)

De mis arterias emanó la sangre que cubría su rostro. “Bébela y vivirás”. Un eco sordo de un grito lleno de espanto hizo hervir mis pómulos. Cerrados los ojos toqué su cuerpo inerte  esperando un soplo de vida.
No me alejen de ella, yo soy su Dios y ella es mi creación más hermosa. No me alejen de ella, pues mi vida corre en su vida y su alma llena la mía. Su cuerpo inmóvil me acompaña con la mirada cristalizada. La belleza natural de la muerte me hacía amarla cada vez más. ¿Loco? ¿Por qué me dicen loco? Le di una nueva vida, una nueva belleza y una nueva forma. ¿Qué otra muestra de amor más puro que esto? Le ofrecí mi corazón para ocupar el lugar del suyo, le ofrecí mi sangre para llenar sus venas vacías.
¿Para qué quería las piernas si yo la podía cargar? ¿Qué importaban sus brazos si era con su mirada con la que me abrazaba? Yo soy de ella y ella es mía. Mi sangre es su sangre y mis labios sus labios. Ahora hablo por ella y puedo decir todo lo que callaba, lo que pensaba cuando me miraba, cuando se retorcía de placer gritando en medio de la vorágine sanguinolenta de mi amor. Mis manos tocaron su corazón y me sintió completamente dentro de ella… literalmente.

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