Los lamparones del alma (Carmen Escalona Noguero)

He ido, como todos los días, a recoger los pedazos de este señor. La hija cree que me ha contratado para limpiar la casa y no se da cuenta de que, en realidad, me paso la mañana recogiendo los trozos de vida que se le caen a su padre. Igual es algo que le pasa a todos los ancianos. Igual este hombre va perdiendo capas como una cebolla, desprendiéndose de sus recuerdos (primero los recientes, depués los más antiguos) para que la vida le pese menos. Igual es su forma de levar anclas.
Hoy en mitad del pasillo me he topado con un recuerdo arrugado y húmedo. Lo he cogido con la punta de los dedos, con un poco de asco, la verdad. Ha resultado ser de la vez que encontró a su mujer con otro, el día antes de que ella se fuera para no volver. Desde que lo he tocado me ha invadido una tristeza inmensa, que a ratos encima tiene un regusto a ira. Y aquí estoy ahora, ya ves, tirada en la cama sin poderme mover. Creo que le voy a pedir a la hija un aumento de sueldo.

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1 comentario
  1. La vida es así tal cual.
    Me encanta

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