Los tacaños nunca mueren (Roberto Moya García)

La familia era numerosa. De niño recuerdo a tío Jonás, el más próspero de los hermanos de mi abuelo. Lo recuerdo por ser el primero en llegar a las cenas de fin de año, comer y beber en abundancia, sin llevar una pizca de sal.

Entre otras cosas, el tiempo nos hace menos. Tío Jonás y yo somos los últimos parientes directos. Esta noche lo espero en casa. Conserva su vigor, prosperidad, gran apetito y gusto por las bebidas generosas.

Postrado en mi cama de enfermo observo a mi envejecida esposa preparar la mesa. Y me pregunto si el próximo año será una viuda cenando con un inmortal.

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