Lucinda, el amor de mi vida (María Ros)

Siempre fuiste tú. ¿No te das cuenta, Lucinda? Ni Patricia, ni su hermana, ni su amiga Teresa me interesaron jamás. Solo tú me haces sentirme vivo. Sin tu existencia, la mía no tendría sentido. Eres tú con quién yo quiero pasar el resto de mi vida.

Podría decirte las cosas que me gustan de ti, incluso aquellas que tú misma detestas. Pero ¿para qué? No vas a creerme. Y no quiero regalarte el oído con palabras dulces solo para conquistarte. Quiero que seas tú la que decida libremente abandonarte a una vida conmigo.

Te quiero libre. Te necesito libre. Nunca te haría lo que te hizo Fernando. Él pretendía poseerte, y eso te hirió para siempre. Yo solo quiero amar esas heridas. ¿Me dejarás? Es lo único que te pido, una oportunidad para custodiar la belleza de tu corazón. No te prometo que no te hiera, porque probablemente lo haga constantemente. Pero sí te prometo que querré amarte siempre, a pesar de mis fallos.

Lucinda… Di algo, por favor.

Apaga el televisor con un golpe seco y desaparece de la habitación con un bufido. “Telenovelas”, resopla cínica. ¡Ridículas!

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