El lugar que habita el perdón (Terry Mora)

Gané la miseria del antojo y perdí en la desidia del enojo. Las pautas eran libres interpretaciones de odio y miel, antes nada era tal cual es ahora. Crecí en el manojo de flores entristecidas, de tracas sornas de olvido. Dulce es el amargo arrabal descompuesto de holgura, dulce locura de mediodía.
Los pozos esbozan sonrisas de piedra rojiza, tosca, perdida. Desordenes airosos en luchas de hielo y sol, lamentable confusión. A veces, vuelvo mojado de jóvenes relentes estampados sobre hombros frágiles. Dóciles bocas de mermelada de cielo, lastres heredados de quienes caminan forzadas huellas de arena y ser.
La sombra del árbol viejo murió en los brazos del viento transeúnte, la llevo consigo hasta un lugar perdido. No queda tiempo para recitar picos en azules pajarillos de otoño. Vuelvo pronto, bajo mi brazo portaré la sombra que robó el céfiro, mi boca dibujará el pico desalentado del díscolo cuco.
He confundido el duelo con la vida que duda entre círculos y triángulos con puertas ocultas, mi estómago se agrieta de torrenciales lluvias de amor. Solo queda una senda por recorrer, agitarse el polvo del rostro y continuar rompiendo los huesos de mi propio perdón.

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