Luminosa y numinosa

En septiembre, mes rebelde, séptimo y noveno. En un campo de girasoles, ópalos dorados henchidos de orgullo, miles, que dibujan espirales de pipas mágicas, hipnóticas. Los miro embobado, aislado en mi soledad; dejando que la luz se consuma mientras me envuelve la presencia de un numen… creo que te siento. De pronto se tornan tímidos. Se enrollan sobre sí mismos, sumisos, y me siento poderoso. Pero no, no, odio esa sensación de altanería, la odio y levanto cada flor a mi paso para expulsarla de mí. Y pienso en ti, otra vez, en cómo devolverías la vida a sus rostros hasta hacerlos brillar, tú, siempre luminosa. Luminosa y numinosa. Con tu aura de misterio emanando tornasoles, derrochando magia siempre a raudales. Bailamos en este inmenso salón, con ojos pillos, los nuestros, con miles de ojos mirando, los suyos, celosos. Nuestros cuerpos se sueldan, las camisetas resisten pegadas a la piel, mezcla de sudor y humo de cigarros. <<Qué más da>>, ríes, alegre y vivaz entre besos, rebelde como septiembre; y tropezamos a propósito, nos precipitamos al suelo, torpes, sin vértigo. Y los girasoles nos envuelven, altivos de nuevo, arropando a la luz. Tu luz. Como guardianes de un nuevo sol.

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