Luz de luna (Gabriel Lavado Valencia)

Desperté confundido, en ese raro estado en que no recuerdas quien eres ni cuantos brazos tienes. Abrí los ojos y solo vi la negrura más absoluta, estaba completamente ciego. Permanecí tranquilo en la cama buscando en mi memoria si mi ceguera era algo repentino o si siempre lo había estado y no lo recordaba.

No sin esfuerzo recompuse algo de la noche anterior y la imagen de donde había aparcado mi coche vino a mi mente. Si podía conducir es que podía ver ¿no? ¡Mierda, me había quedado ciego de repente! El miedo me invadió y fue disipando la confusión que aun me impedía pensar.

Con la mente más clara, estallé en carcajadas.

Recordé que la noche anterior la luna llena brillaba con fuerza y su molesta luz no me dejaba dormir, así que a pesar de mi miedo a la oscuridad, bajé completamente la persiana para poder pegar ojo.

¡Qué tonto había sido! ¡Cómo juega conmigo a veces mi propia mente!

Me levanté de la cama y me acerqué a la ventana buscando a tientas la correa de la persiana. Con la sonrisa aun en los labios y sintiéndome un poco tonto, tiré de ella con fuerza y la luz del sol irrumpió bruscamente en mi habitación mientras yo seguía completamente ciego.

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