Mágica (Ana Blanco)

Vino por el pueblo con aquel grupo de teatro y nos cautivó a todos. ¡Qué guapo era! ¡Qué bien actuaba! Reímos con él, lloramos con él, nos tenía en sus manos y todos bailábamos al son que él nos tocara.

La tercera noche llamó a mi puerta y me ofreció venderme sólo a mí, a mí, por ser la más guapa, dijo, la lámpara mágica de Aladino. A cambio pedía tan solo diez mil euros y yo…

Yo sigo frotando cada noche la maldita lámpara para pedirle al genio un solo deseo: Ver por un agujerito la cara que puso cuando le detuvieron por pagar con dinero falso.

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