Maldito escalón (Sagrario G)

El hambre me nublaba la razón, llevaba días sin alimentarme. Cuando el sol se pusiera sería el momento para una criatura de la noche como yo, no podía posponerlo más, esa era mi naturaleza y el instinto de supervivencia prevalecía.

Me crucé con otro de los míos, parecía extasiado y se relamía con fruición la abundante sangre que inundaba sus labios. Un escalofrío de placer me atravesó. Le pregunté dónde había dejado los restos de su banquete, albergando la esperanza de poder aprovecharlos, a lo que él me respondió: -Esta sangre es mía, vigila donde pisas, más adelante hay un maldito escalón.

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