En sus manos (Rubén Fernández Uceda)

Corrió por el pasillo todo lo rápido que le permitían sus piernas. A la altura de los camarotes la gravedad artificial se interrumpió haciendo que María saliera despedida hacia el techo. No pudo evitar el choque, pero tenía suficiente experiencia en gravedad cero para reponerse y seguir avanzando. Las gotas de sudor se desprendían de su piel y quedaban flotando en el sitio mientras ella, desesperada, se impulsaba con los salientes para avanzar. Desde el techo saltó contra el suelo para alcanzar la entrada de la última cápsula de supervivencia. Antes de que se cerrase la compuerta se cortó el fluido eléctrico y una fuerte sacudida hizo temblar la nave. Sabía que colapsaría con ella dentro si no actuaba. Se desabrochó las correas de seguridad de la cápsula y cerró la compuerta tirando de ella. Al fin pudo proceder con el lanzamiento. María observaba por la ventana cómo su nave se descomponía en pedazos bajo la presión de una mano gigantesca.

El niño miró a su padre, quien estaba absorto viéndole jugar con su maqueta de nave espacial.
-Lo siento, papá. Se ha roto.
Dijo el niño mostrando los restos de la maqueta.
-No importa, hijo. Escaparon en el último momento.

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