Mare nostrum (Ruth Escamilla Monroy)

Era lo que más parecido a él; la diversión, la caricia del agua, los gritos de júbilo, las gotas que salpicaban al compañero. Faltaban el sol, la sal y la arena. Aquel foco no quemaba la piel, el agua no picaba en los ojos y el mosaico no tenía esa textura. El agua apenas nos cubría los pies, pero nadábamos. Cuando tres golpes secos en la puerta nos llamaban a comer, con los dedos arrugados y sin ganas de despedirlo, quitábamos el cubo lleno de agua y la toalla que debajo de este tapaba la rejilla. Y lo veíamos irse en segundos, haciendo remolinos por el desagüe.

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