Matilde (Bevilacqua Maria)

Se aferraba al canto de los pájaros, y volaba con ellos cortando el espacio de un celeste indefinido. Cada mañana saboreaba el café frente a la ventana despojada de ropa y en su piel todas las brisas primaverales se arremolinaban, mientras el aroma de las flores la envolvía en un mantra silencioso  tildado del ronroneo de la gatita placida por la suave caricia de Matilde capaz de disfrutar desde la oscuridad de sus ojos ciegos.

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