Melones (Nacho Vallejoç)

Tarde de julio en el pueblo; canta la chicharra y aprieta la calor. Tres sujetos en tránsito hacia un melonar, en bicicleta, sin prisa. Su objetivo: merendarse un melón. Robado. Dos de ellos se adelantan ligeramente; se acercan y se alejan en un pseudo baile de cortejo bicicletil. Bastante absurdo, por cierto. Agarran el manillar del otro, hacen el afilador con las ruedas, se chulean en definitiva. Tras varios metros de lucha la velocidad se ralentiza quedando casi en estático. El tercero se acerca presagiando la tragedia. Es en ese momento cuando los manillares de los dos primeros se enganchan, caprichosos, retorciendo las bicicletas hacia adentro, provocando la caída de los dos muchachos que, antes de impactar contra el suelo chocan entre sí, haciendo más irrisorio el percance. El tercero, también a velocidad ridícula, tratando de esquivar a hierros y personas, gira bruscamente su manillar, cayendo a escasos metros. Y es ahí, en mitad de una carretera secundaria, al sol justiciero de julio, cuando se mezclan las risas, los gritos y el dolor. Ayudándose entre ellos, riéndose de su propia absurdez, acaban por volver al pueblo. Han merendado asfalto. Al menos se ha salvado un melón.

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