Modernidad (Jaime Bahamonde Almonacid)

Apenas se atisbaba el alba al oriente cuando tras una bocanada de aire fresco, el viejo tomó su azadón y comenzó a arañar el suelo. La rutinaria tarea de años se le presentaba cada nueva temporada con esperanzas de mejorar la anterior. El ciclo de décadas solo había variado con la partida de sus vecinos campesinos. En su corazón tenía la certeza de que las semillas brotarían de la tierra con fuerza. Sí, la cosecha le daría la tranquilidad para vivir. Así que, tarareando bajito, avanzaba con parsimonia, surco a surco y si su cálculo no fallaba, a eso del mediodía podría tomarse una pausa para almorzar. ¡Vaya que la experiencia de años no es en vano! A las doce con cinco deja su azadón a un lado y se seca el sudor. Su satisfacción solo es interrumpida por el repentino ruido de las maquinarias que amplían las fábricas a cada costado de su chacra, vociferando altaneras frente a sus vivencias en sepia.

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