El mono desnudo (Daniel Jiménez Tacué)

Su cráneo está a punto de estallar, de sus poros se alimentan múltiples seres. Tendido sobre la autopista, su pelaje verdoso es la única huella de naturaleza; sus tripas atraviesan el vientre y buscan las entrañas de la tierra. Se retorcija, chilla cuando siglos atrás su lengua decía flor y el universo abría sus pétalos. Todos acuden a él, el mono sabio ¿Qué puede compartirles? desde hace un tiempo convirtiose en el único vegetal de la galaxia; se había estancado en el asfalto con el que se empeñó cubrir el planeta. Creímos en él, tan responsables somos que no quedó nadas más que hacer de él un culto, una espiritualidad moderna. ¿Dónde nos conducirá esta nueva fe? Guardamos silencio. Lo hemos rodeado con el asombro de ver encallar a una ballena, cada quien ha donado un objeto personal para su altar. Algunos dicen que murió cuando cesaron los chillidos, pero la calma no es por su muerte. Él es la calma. Deseamos pensarlo así. ¡Oyeron! dicen que se ha movido… pasarán las penurias, la hambruna cesará. Sé que crece una semilla en su interior. Prefiero creer, es nuestra única fuente de vida; nuestra imaginación nos mantiene vivos y algo cuerdos: todos imaginan que soy un mono desnudo.

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