Moras silvestres (Misael Gómez Jiménez)

—Los tiempos son difíciles ¬—dijo, quedamente, mientras se ponía las botas.
Ángela abrió de par en par los ojos y lo miró fijamente. Esbozó una somnolienta sonrisa y se incorporó estirando ambos brazos.
Aunque la vereda era angosta siempre caminaban uno al lado del otro. Ángela, menuda, apuraba el paso para ir al ritmo de Miguel, quien disminuía la marcha al darse cuenta que ella tenía que ir más rápido. Ella sonrió y señaló una baya roja al lado del camino, Miguel la cortó y se la ofreció junto con una tímida sonrisa.
—Sí —dijo¬¬ ella—, los tiempos son difíciles, pero siempre habrá moras silvestres.
El sol asomaba en el horizonte y bañaba el sembradío. Él la miraba de reojo, mientras preparaba los aperos para iniciar la labor. Suspiró y pensó que mientras tuviera a su lado esa maravillosa sonrisa, aunque los tiempos fueran difíciles, siempre habría moras silvestres.

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