MosquitoMojado (F. Mateo Barona)

subo la tapa, hay un mosquito en el agua,
con un trozo de papel lo saco,
soplo para que despegue,
agito el papel y sale volando hasta el plato de ducha.
Tantas noches dándome por vencido ante la ágil danza de algún odioso mosquito,
y ahora este aquí,
indefenso ante mi.
Me inclino a su altura,
su raquítica fisionomía parece apunto de diluirse en una gotita oscura;
¿acaso mi enemigo se muere?
Arrastrando el dedo lo subo a mi yema.
Lo miro,
quizá trago agua y por eso tiene el estomago cerrado.
Sigo pensando que es molesto,
pero le ayudo,
por que esta frente a la muerte,
por que todos somos la misma semilla,
energía concentrada,
diferentes arrugas de un mismo rostro.
Así que lo llevo en mi dedo hasta la ventana del salón,
la abro y sobre una hoja poso a dicho mosquito, esta empapado,
se sacude como los perros,
sus alas siguen pegadas al torso.
Me mira extenuado,
camina,
se sacude y camina.
El sol nos calienta,
a mi,
y al mosquito,
no hay nubes que lo tapen,
y así los tres nos salvamos la vida,
entendiendo que todos somos letras,
y la palabra que forma esa letra,
y la frase,
y el párrafo,
y la pagina,
y el capitulo,
y el cuento entero,
el tejido y el tejedor,
el sueño y el soñador…

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