Música pesada (Vicente Ortí Hernández)

Se revelaron en un bar de carretera. Entre tapas antiquísimas y jamones ahorcados llegaron las notas perfectas de “Your heart belongs to me”. La letra se hizo carne en la barra bajo coñacs milenarios. Sara, Alicia y Sonia. Trescientos setenta kilos de peso rematados en tres voces preñadas de ambición.
Firmamos el contrato un mes más tarde. Rechazaron Las Supremes del Páramo e insistieron en llamarse Sweet Tones. Grabamos el primer disco casi sin ensayos. La ingesta de calorías era su fuente de inspiración. Grandes bandejas de carne aderezaban las baladas. Quesos y fiambres componían tiempos medios. Postres y grasas saturadas parían siempre un soul de sentimientos calcinados.
El éxito instauró su dictadura. Comíamos con temor, impelidos por una voracidad inquisitiva y vigilante. Julio fue despedido por rechazar un guiso; Manuel, humillado por su delgadez ofensiva; Glenda por su veganismo contumaz. Todos los demás fuimos advertidos.
Hoy seguimos triunfando. Ya somos todos obesos. Aterrados por analíticas sin futuro, buscamos cómo parar esta bacanal de blues y colesterol. Con suavidad y las palabras precisas que no irriten a Sara, la líder y solista del grupo. Mi mujer.

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