Nada (Luis López)

Erase una vez un día gris de esos de llovizna, esa que cala hasta los huesos y que te humedece el corazón entre escalofríos. Puede que hiciera frío o tal vez era ella que parecía un iceberg en su mente. Tarde era cuando ella se acercó a aquel chico taciturno y con sonrisa malvada, le soltó sin rodeos – ¿En qué piensas? clavándole intensamente la mirada. El pensó qué tía más rara… pero agachó la cabeza y con la media sonrisa que le devolvió, le respondió – pues no sé… en nada ¿…? Y ella con ceño fruncido y cara de desconcierto le dijo – ¿Nada? ¿Cómo se puede pensar en nada? Eso no es posible… Él con calma desmedida contestó – sí se puede. Ella musitó  – no. Y él, conteniendo la rabia, le replicó – sí se puede… porque te pienso a ti y tú eres mi nada. Ella se quedó sin palabras y por no tener palabras este cuento se acabó, las perdices hambrientas se comieron el final feliz.

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