Náufragos (Dani G. García)

Ayer comencé a escribir sobre dos personas felices. Dos personas que se completaban siendo un par.

Una viajaba a la deriva en un barco sin rumbo, parcheado por los escapes del agua; la otra navegaba por un mar sin fin, con su alegría y esperanza como mayores sustentos.

Un huracán les convirtió en náufragos de una isla desconocida. Y así, surgió el amor.

Las caricias encendían suspiros en sus corazones, que mezclados con el aire expulsaban sinceros tequieros. Un abrazo llamaba a un beso, y ambos apagaban el interruptor del tiempo, porque las cosas más bellas solo dependen de sí mismas.

Llegó otra tormenta, y sus barcos se separaron. El viento soplaba en contra, los peces huían de sus redes, y la tristeza vencía a la felicidad. Juntos dominaban la grandeza de las cosas; una sonrisa encendía sus vidas; y el amor era una brújula orientada hacia su norte.

Una nueva tempestad volvió a unirles, como al principio, ya que en el devenir de las cosas, todo ocurre por una buena razón. De nuevo, los suspiros nacieron de caricias, los besos de abrazos, y el tiempo se detuvo, en nombre del amor.

Ayer comencé a escribir sobre dos personas enamoradas. Al terminar, descubrí que éramos tú y yo.

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1 comentario
  1. Acariciar palabras es mágico, pero bailar con ellas, al ritmo que el lector utiliza, para disfrutar, es poco común. Es lo que se descubre al leer a Dani, en un mundo tan dado, a querer abanicar egos de falsos formidables, me gustas y me encantas que aveces, no han llegado a leer ni el final🤗

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