Nieve en Varsovia (Paloma de la Fuente)

Han tapiado mi ventana con cemento de nieve.
Todas las señales me indican que me aleje de ti,
hasta tus manos temblorosas me dijeron una vez
que era peligroso aquel juego al que te invité,
una vez, en mi espalda.
Te puse en bandeja un manjar de lunares,
dibujaste alguna constelación,
y resbalaste hasta mis caderas.
Ahora estás en ese punto en el que
si sigo clavándote los ojos en el pecho,
no te quedará otra alternativa que abrazarme.
Y quedaremos los dos, muertos de frío,
dejando crecer la escarcha en la piel.
Igual que dos animales heridos,
buscamos cobijo, yo en tus manos,
tu en la comisura de mis labios,
esa que un día besaste con la delicadeza
de quien acaricia un recién nacido.
Llevo Madrid en las venas,
pero por una noche,
podemos dibujar París en la ventana.
New York, Londres.
Toda Varsovia querrá saber de nosotros.
Y qué sabrán ellos de viajar desde una cama.
Qué sabrán de
quererse
a segunda mirada.
A dos vasos después de vaciar
esa estúpida obsesión
de demostrar
que no nos necesitamos
en esta ciudad
de ninguna parte.

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