Niños al sol (Demetrio González Cordero)

Juegan los niños en la plaza, a la salida del colegio. Yo estoy aquí, a la puerta de casa, sentado en mi silla de enea. Miro, emocionado, a los niños. Y le digo al sol que pronto se irá: “Tú te vas; yo me quedo un rato todavía. Mañana, si las nubes te dejan, volverás. No sé si yo estaré, soy ya un anciano”.
Es mágica la tarde. El sol acaricia a los niños. Yo soy uno de ellos. Así me veo, así me siento. Al despedirse, el sol de otoño me envía un beso y deja en mis manos blancas un membrillo amarillo-dorado. Es un regalo: el beso sagrado del sol que me despide. ¡Qué cálida mi última tarde en mi vieja silla de enea!
Atardece. No es triste saber y sentir que después de la tarde llega la noche. Estoy contento. Me siento en paz conmigo mismo. Presiento que mañana ya no estaré en mi vieja silla de enea.

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