No soy un robot (Adri Perea)

Frente a un espejo se encuentra un chico completamente desnudo. Tiene media cara maquillada como la de una mujer, con la barba completamente afeitada, y el pelo recogido; en la otra mitad de la cara tiene barba, nada de maquillaje, y el pelo suelto.
Habla a quien le mira.
“¿Por qué me siento así? Nunca he sabido qué hacer, pero la verdad es que últimamente me siento desbordado. No sé qué hacer, ni cómo abordar todo esto que estoy sintiendo. ¿Por qué eres así? ¿Por qué has tenido que nacer así?”

Al otro lado del espejo, una chica, también desnuda, le observa fíjamente. Tiene media cara natural, sin maquillaje, y el pelo suelto; en la otra mitad de la cara tiene una barba pintada, y el pelo rapado.
“¿Por qué te haces esto?”, piensa. “Una persona tan sensible no debería hacer sufrir a los demás. Ya conoces el dolor, y sabes de lo que es capaz. ¿Por qué sigues haciéndote daño de esa forma?”

Una vez acabada la reflexión, ambas personas abandonan la habitación.

Tras unos instantes, el espejo empieza a quebrarse.
Y es que, desde siempre, se tiene constancia de que todas las guerras tienen efectos colaterales.

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