No se pudo (Ricardo Casas Tejeda)

Tantas píldoras no le pueden hacer bien a nadie, eso de vivir pendiente de la dosis de la mañana y de la noche no es justo y, aunque no se lo echaba en cara, él sabía que para ella era difícil. No era su culpa, nadie espera encontrarse con un ser tan extraño y a la vez tan maravilloso.

A veces pensaba que todo se solucionaría si me asomara al balcón y diera todo por perdido, observaba el frasco de píldoras y el balcón y así pasaba mañanas enteras. Esperarla que regresara del trabajo era un infierno aunque él no podía saber que era eso, pero sospechaba que consistía en algo así la condena del averno.

Mil veces le rogó que tomase el tratamiento, pero se resistía. “Las cosas son así, amar es aceptarnos como somos”. Sostener una mentira también es cosa de dos, pero siempre uno se cansa primero y termina por botar el lastre.

Las píldoras o el balcón… nunca un amor tan breve le recordó tanto a la eternidad. Pero su alergia a las plumas crecía cada día y le resultaba intolerable verla sufrir.

Se asomó al balcón y se quitó la camisa abandonando con desgano su humanidad.

Abrió sus alas y miró por ultima vez el velador repleto de antihistamínicos.

Simplemente, no se pudo.

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