Para no sentirla (Fernando Herrera Herrera)

Estaban subidos en un árbol. Estaban en la última hoja de la rama más alta, en la hoja que aún no había brotado. Pero no se caían, porque era como si no estuvieran en aquel lugar, o como si bastara no tener que prestar atención a la gravedad para no sentirla; y las enormes estrellas, tan distantes, se reflejaban sobre sus cuerpos como diminutos puntos de luz blanca que quería traspasarles la piel, para dorarles por dentro las venas rojas y los pulmones rebosantes de aire y los corazones insaciables.

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