OBSOLESCENCIA PROGRAMADA (Javier Puchades Sanmartin)

No hay beso de buenas noches. Ni un te quiero. Ni una caricia. Ni el cigarrillo de después. Se acabó el aquí te pillo aquí te mato. Por no haber, no hay ni dolor de cabeza. Desde hace meses soy yo la que decide. Cuando empezamos, estamos ahí, dale que te pego, hasta que los vecinos golpean la pared y dicen: “¡Ya está bien! ¡Ya está bien! ¡No son horas!”. Entonces lo aparto al otro lado de la cama, me doy media vuelta y a dormir plácidamente, pensando que mañana no se me olvide quitarle las pilas antes de guardarlo.

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