El ocio del diablo (Vóland)

A diferencia de las estereotipadas representaciones que de ellas se han hecho a lo largo de veinte siglos de literatura y tradición cristiana, las incursiones del diablo en el mundo de los mortales son esporádicas y puramente ociosas: con humano disfraz, Belcebú gusta de pasearse inadvertido por la tierra para cometer alguna fechoría.
Hasta el momento, la última vez que el Maligno se ha mezclado entre los hombres fue el 24 de enero de 1989, en Bradford, Florida. Allí había de ser ejecutado Ted Bundy, responsable de la muerte de alrededor de cien mujeres entre 1974 y 1975. Bundy, tras haber conseguido retrasar su punto final en numerosas ocasiones, por fin se sentaría en la silla eléctrica. América estaba expectante. Muchos aún hoy le consideran la encarnación misma del mal.
Aquella mañana, cegados por la tensión del momento, los que estuvieron presentes en la ejecución del macabro asesino no se percataron de que su verdugo, despistado, había olvidado ocultar sus cuernos.

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