Ojo por ojo, muerte por muerte (Miguel Sánchez Martínez)

El empresario Arturo Hurtado se internó en el bosque. Encontró a Jacinto recargado en un pino.
—Y bien, ¿qué sucedió?
—Está finiquitado el trabajo –respondió Jacinto luego de liberar por la boca el humo de un habano.
Arturo le extendió un cheque, Jacinto lo guardó en su cartera.
—¿Y sufrió?
—Ese era el trato. Amagué varias veces con disparar. Poco faltó para que se le parara el corazón. Con lloriqueos me ofreció dinero para dejarlo vivo.
—¿Cuánto?
—El doble de lo que tú me pagaste.
El empresario frunció la boca y pateó un árbol.
—No te preocupes. Soy un profesional. Mi obligación era cumplirle a quien me había contratado.
Una sonrisa iluminó el rostro de Arturo.
—¿Cuáles fueron sus últimas palabras?
El sicario apagó su puro en la suela de uno de sus  zapatos y contestó:
—Dijo que de todos modos le recibiera el dinero, que antes de morir me contrataba para matar a quien ordenó su muerte.
El hombre de negocios sacó un pañuelo del bolsillo de su chaqueta, se limpió la frente.
—¿Qué le dijiste?
Jacinto sacó un revolver. Comprobó que tuviera balas.
—Soy un profesional.  Mi obligación es cumplirle a quien me contrata.
El disparo fue certero. Arturo no sufrió, murió al instante.

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4 comentarios
  1. Me gusta!!

  2. ¡Excelente relato, felicidades!

  3. ¡Muy bueno!!!

  4. ¡Me encantó! Es increíble el giro que da la historia.

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