Palabras (María Romero)

Da igual lo que yo diga,te conocí sabiendo de tu exhausto vivir, de tu lengua cansada de besar otras bocas, de tus hijos perdidos por el mundo; de tu yo sin cordura que come, solamente, el pan de la tristeza. Yo también en mi boca, tenía en  el corazón, el delirio del caos; otro infierno cualquiera que contemplan las Moiras. El error me define, no existe más misterio que este cáncer del alma.
Prejuicios de piedra nos sellaron los labios; cada vez la distancia se volvía más honda, y más denso el vacío, y la ausencia muralla, un foso sin un puente por los levantado.
Golondrinas sin norte en la escarcha de enero, sin alas, sin instinto, en un nido de nieve, sorprendidas de muerte ante Eros cobarde.
Aunque corte mi lengua con el hacha que afilan los relojes, aunque doble mi sombra junto a las grandes sombras de la noche, sería todo inútil; hicimos realidad nuestra cruel pesadilla: Te mueres de verdad, no existe la metáfora del que implora a la tierra…
Yo, sin dique frente al mar, me contemplo lejana como si fuera otra con un rostro que ignoro, incluso me pregunto, ¿quién es esa mujer que no me da la cara?

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