El pasaje (Jorge Gascón Martínez)

Ella levantó la cara. El embozo de la sábana cayó y dejó al descubierto su pelo, que se extendió por la almohada como mil rayas hechas a lápiz. Él la miró complacido, apoyado sobre el respaldo frío del metal.  El ojo de buey estaba oscurecido. Nada se veía tras él.
– Nunca nos lo perdonarán – dijo ella.
– No me perdonarán a mí. No disculparán que me haya casado contigo a escondidas. Todo ha sido en contra de su voluntad. Quizá nunca volvamos.
Ella giró la cara compungida.
– Espero que mi madre me perdone algún día – dijo.
Él la abrazó. Quería consolarla.
– No te preocupes, cuando triunfe en América y tenga el bolsillo lleno de millones te compraré un bonito sombrero de París.
Ella rió despejando la tristeza.
– Durmamos. Queda mucho para llegar – dijo él.
– Durmamos – dijo ella.
Se enderezó y recogió su pelo a un lado de la cabeza. Sobre la mesilla de noche del camarote se hallaba el libro de poemas que tanto amaba. Era casi lo único que había cogido en su huida. Lo abrió. Para señalar la página tomó el pasaje. Lo introdujo en el libro abierto y leyó el nombre del barco: Titánic. Qué hermoso nombre, pensó, fuerte y lleno de esperanza.

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